miércoles, 10 de febrero de 2010

EN CUALQUIER PAÍS



NOVELAS PLATICADAS
(Fragmento)

En la cocina de mi casa hay un bote de la basura cuyo fondo  se cubre siempre por un periódico viejo. Estaba yo inclinado sobre él la otra tarde, cuando de pronto descubrí que estaba echando las sobras de un jitomate sobre la cara  de García Márquez. Él estaba vestido de presidiario y tenía un letrero que decía “culpable”. Lo rescaté del hoyo, le dí una limpiada y leí el artículo de Abel Quezada (domingo 2 de junio), que ya varios me habían comentado  y que yo no había leído a tiempo.
Voy a comentar aunque sea tarde este artículo, porque me parece que toca varios puntos neurálgicos  de la relación escritor – público – comunidad, etcétera.
Grosso modo, Abel Quezada se queja de que García Márquez no escriba una novela que anda platicando desde hace cinco años y que, según parece, acaba de publicar Carpentier.
Me interesa el asunto porque, por un lado se refiere al concepto de producción literaria, por otro al concepto de éxito y por último,  al concepto de plagio.
La producción literaria. García Márquez tiene la costumbre de decir  que escribe una cuartilla diaria. Es muy bonita la idea de un escritor sentado frente a su mesa, después de un  desayuno calmado y después de leer el periódico; cuatro horas de teclear, cambiar de hoja. Teclea, cambia de hoja, tira papeles en el cesto, y al cabo  de cuatro horas de concentración, tiene una cuartilla nueva. En la tarde se va al café a platicar con los amigos.
Ahora bien. Una cuartilla puede ser mucho o puede ser muy poco. Si un periodista escribe una cuartilla diaria, se muere de hambre, pero si un novelista  escribe una cuartilla diaria, hombre, al año tiene  un libro de trescientas páginas. Desgraciadamente, la mayoría de los novelistas  escriben una cuartilla un día  y al siguiente la rompen. Y hacen bien.
García Márquez se tardó toda su vida, hasta 1966, en escribir un libro. Toda su obra anterior no son más que bocetos de Cien años de soledad. Tuvo la fortuna, el talento  y la paciencia de dar con una forma que permitía acomodar todo lo que García Márquez había  oído, leído, visto, imaginado y escrito. A partir de ella y después de muchos trabajos –se tardó dos años en pasarla en limpio- escribió un libro que todo el mundo entiende y aprecia, que se puede traducir eficazmente y que provoca  entusiasmo en cualquier país ¿Qué más se le puede exigir a García Márquez? Yo, francamente, creo que nada. Lo que hizo es perfectamente satisfactorio y todo lo demás  -si hay más- será ganancia.


Jorge Ibarguengoitia
Ideas en venta
Joaquín Mortiz.

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