LA HORA DE LOS NIÑOS
Los niños traficaban con una nueva especie de ratas
Anilladas como langostas y de color magenta y celeste.
Sabor extraño al principio
Pero como el hambre no miente
Nos habituamos a hornearlas.
Ya que uno es lo que come, en menos de un año
Nos volvimos como ellas.
Primero los ojitos alarmados, la pelambre y la cola.
Poco después los dientes de taladro,
Las garras como sierra de partir huesos.
(¿Hará falta añadir que a este respecto
No tuvieron gran cosa que enseñarnos?)
Ahora son hombres los niños que vivían de las ratas.
Actúan como sicarios de un poder invisible
Y poco a poco pero noche tras noche
Nos eliminan sin clemencia
José Emilio Pacheco
Como la lluvia
El Colegio Nacional / Ediciones Era.
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