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sábado, 5 de diciembre de 2009

EL MONOPOLIO DEL DOLOR Y LA MUERTE




DROGAS Y MORAL




Siempre me parecieron ingenuas o hipócritas, según de quien vinieran, las condenas morales a los llamados “sacadólares”. Un capitalista, si tiene un punto de vista sano y sólido para su negocio –y si no lo tiene, irá a la quiebra, es decir, al mal-, debe invertir su capital allí, donde este le rinda más ganancias o se encuentre más seguro. Si los capitales mundiales fluyen hoy hacia Estados Unidos, no es razonable esperar que no lo haga una parte de los del vecino mexicano. La única manera efectiva de que esos dólares no se vayan es ofrecerle estímulos o imponerle penas que hagan más costoso irse que quedarse.. pero ni estímulos ni penas tienen nada que ver con la moral, pese a que la idea cristiana del cielo y del infierno nos quiera convencer de lo contrario.

Por esta misma razón, si existe un mercado rendidor, donde se obtiene una tasa de ganancia superior a la media, para una mercancía llamada “drogas” o para otra mercancía denominada “armas”, es normal que a esas ramas de la producción afluyan capitales en busca de ganancias. Un miembro del parlamento británico justificó, no hace mucho, la explotación comercial de instrumentos de tortura, con el argumento de que existe un mercado para tales productos y que si Gran Bretaña no lo aprovechaba, no por eso se dejaría de torturar: simplemente los clientes acudirían a otro abastecedor, los capitales ingleses perderían un mercado de exportación y la balanza comercial se deterioraría. Razonamiento impecable desde el punto de vista del capital. Del mismo modo, el Estado de Israel justifica el haberse convertido en uno de los mayores exportadores de armas, especialmente a las dictaduras latinoamericanas, diciendo que esa exportación es vital para su balanza comercial y que todas las grandes potencias lo hacen. Lo cual también es verdad. Pero si a algún Estado se le ocurriera aplicar el mismo argumento con respecto a la mariguana, a la coca o a las amapolas, las voces de condena no tendrían fin.

Pregunta: ¿qué es más dañino para la salud y produce más sufrimientos y muerte en el mundo contemporáneo: las armas, la tortura o la droga? No lo sé, y dudo que haya estadísticas públicas al respecto.

No faltará a esta altura quien sospeche que estoy justificando el tráfico de drogas. No, está prohibido ser tan tonto. Lo que estoy diciendo es que quienes exportan dolor y muerte bajo la forma de aviones, helicópteros, tanques, napalm (porque no se trata aquí de pistolas, rifles y escopetas de caza) y además instrumentos y técnicas sofisticadas de tortura, son extremadamente cínicos al poner el grito en el cielo por un tráfico en el cual, además, no pocos de ellos son también consumidores. El colmo de la hipocresía me parece armar un escándalo moral porque había 10 mil campesinos cultivando mariguana en Chihuahua y olvidarse de que hay cientos de miles de obreros fabricando en Estados Unidos las armas y los cohetes nucleares, intercontinentales y espaciales que nos destruirán a todos.

Pero si se escandalizan, no es sólo por la hipocresía connatural a su oficio de príncipes cristianos (manes de Maquiavelo…) También son coherentes con sus principios. Entre el comercio de armas de destrucción masiva y de instrumentos y técnicas de tortura, y el tráfico de drogas, hay una similitud y una diferencia fundamentales. La similitud consiste en que los tres constituyen inversiones de capital rentables en el mundo contemporáneo. La diferencia reside en el otro extremo del ciclo del capital; no en los productores de dichas mercancías, sino en sus consumidores. Son los Estados o sus equivalentes quienes, casi exclusivamente, adquieren ese tipo de armas y de instrumentos. Son los particulares, en cambio, quienes adquieren las drogas.

Y como desde que lo dijera Trotsky ante sus jueces zaristas en 1906 y lo retomara después Max Weber en sus escritos, todos sabemos que el Estado, por definición, detenta el monopolio de la violencia legítima, resulta natural que esos hombres de Estado permanezcan impasibles ante el tráfico de esos instrumentos de destrucción, tortura y muerte masiva (lo cual me parece muy mal), y en cambio se indignen ante el tráfico de ese medio de dolor y muerte privada que es la droga ( lo cual me parece muy bien, pero al mismo tiempo, en ellos, cínico y amoral). En otras palabras, los gobiernos se reservan el derecho y el monopolio de sembrar, según sus intereses (que ellos dicen son los de sus pueblos…), el dolor y la muerte, y entonces también de utilizar las drogas cuando ellas sirven a sus razones de Estado, como suele suceder con excesiva frecuencia.



Adolfo Gilly
México. La Larga Travesía.
Editorial Nueva Imagen.


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domingo, 22 de noviembre de 2009

¿QUÉ LES PODRÍA ESPERAR?





EL CONTRATO COLECTIVO DE LOS ELECTRICISTAS
Publicado en Punto, México, 23 de enero de 1984.
(Fragmento)


La huelga electricista de 1936 concluyó con la victoria de los trabajadores, lo cual consolidó las posiciones alcanzadas por el movimiento obrero en las grandes luchas del año 1935 y primera mitad de 1936, fortaleció a la recién fundada CTM (de la cual el SME todavía formaba parte) y confirmó el lugar de vanguardia que los electricistas, particularmente los de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, ocupan en el sindicalismo mexicano prácticamente desde la fundación del SME, en el momento más alto de la revolución mexicana: el 12 de diciembre de 1914, en el Distrito Federal, cuando la ciudad estaba bajo el gobierno  de la Convención y bajo el control militar  de los ejércitos campesinos de Villa y Zapata. El contrato conquistado en 1936 por el SME sirvió de pauta  para las demandas y contratos de otros  sectores de trabajadores.
            Así como en Estados Unidos el contrato de los obreros de la industria automotriz es el que marca las líneas y los límites de los demás conflictos en cada temporada de contratación y renovación salarial, en México esa función orientadora –casi diríamos rectora- la cumple la renovación contractual  de los electricistas.
            Contra todo esto –nada más y nada menos-, va dirigido ahora el asalto de la empresa eléctrica, cuando pretende declarar obsoleto, superado e inoperante el contrato colectivo de 1936, a cuya estructura básica han ido agregándose conquistas parciales logradas por los trabajadores en contrataciones sucesivas.
            El sindicato ha visto el alcance de esta ofensiva. En su respuesta del 16 de enero, el SME declara que el documento de la compañía constituye:

(la) punta de lanza de un proyecto que, de prosperar,  sería el inicio de una brutal embestida en contra de la clase trabajadora del país, de sus derechos y conquistas, y un retroceso en el régimen de contratación colectiva y por ende  en violación flagrante del Artículo 123 constitucional.

El SME afirma que “es motivo de orgullo que la estructura de nuestro contrato data de 1936, producto de una larga y dura lucha sindical que se materializó en condiciones propicias del mandato presidencial de Lázaro Cárdenas.
La actual pretensión de la empresa, dice:
          
…rebasa las más ambiciosas que pudiera haber abrigado cualquiera de nuestros antiguos patrones extranjeros o alguno de sus actuales émulos. Se pretende, nada menos, que romper la estructura de nuestro contrato colectivo. Y la tesis que se maneja (que estorba el funcionamiento  de la empresa), nos llevaría, de aceptarla y por reducción al absurdo, a la conclusión de que el funcionamiento ideal  de toda empresa debería ser: Sin contrato colectivo que estorbe ni sindicato que moleste.

La respuesta sindical rechaza la propuesta de aumentar indiscriminadamente el número de empleados de confianza y por esa vía debilitar al sindicato y prevé, con razón, los alcances generales que puede tener  para el movimiento obrero mexicano esta agresión contra los electricistas del SME:

Si se lograra agredir a un  sindicato como el nuestro, que tiene la fuerza que da el control eléctrico del centro del país; que posee la fortaleza que le da  su democracia interna; que ostenta el prestigio y la tradición de participar en todas las luchas  que por la libertad, el progreso, la paz y la democracia se han dado y se dan desde nuestro mantenimiento como organización del país, ¿qué les podría esperar a las organizaciones obreras hermanas?

En estos términos está planteado el conflicto y el tono de alarma de la declaración sindical no es en absoluto injustificado.


Adolfo Gilly
México. La Larga Travesía.
Editorial Nueva Imagen.


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